miércoles, noviembre 23, 2005

Alma Anfibia.


El tiempo se diluye en mi retina, desconozco cuán rápido puede viajar la emoción contenida en mi piel, esa que atraviesa los músculos y se hace tremenda en mis huesos.

Cierro mis ojos y han pasado millones de imágenes, solo un pestañar y veo su reflejo perdido en la puerta del metro, sus ojos de pez, unas manos sin dedos que se afirman de un mástil ficticio en mitad del carro, solo en la multitud, naufragando.

Observo mi reflejo en el vidrio, imaginando mi metamorfosis, otra extensión que permita sostenerme, otros ojos, otra lengua... ¿Acaso vería distinto todo?... ¿Un puñado de piel, un par de huesos, un rostro maquillado, importa tanto como el destello confuso de la verdad?... La voz indica estación metro Salvador, el hombre anfibio se desliza al andén, lo pierdo entre la multitud de cuerpos ficticios, se cierran las puertas y pienso si podrá ver el horror de nuestras almas retorcidas, si nuestra aflicción es solo un espectáculo carente de sentido y enceguecedor de delirio ante sus ojos. Estación la Moneda…camino entre la multitud con mi alma anfibia, con mis ojos de pez.